viernes, 31 de julio de 2015

China y las Zonas Económicas Especiales


Víctor Álvarez R.
Premio Nacional de Ciencias

China ha sabido sacar provecho del poco interés que en los últimos años EE.UU. demostró por América Latina, por eso incrementa sus inversiones en fuentes de materia prima, energía y proyectos de infraestructura. Venezuela es importante para China fundamentalmente por sus recursos naturales y por la influencia que ejerce en los procesos de integración latinoamericana, cuyos mercados resultan muy atractivos para los productos y capitales chinos.

Gracias a la demanda china de minerales, petróleo y recursos naturales, el impacto sobre América latina de la crisis económica global ha sido atenuado y ha evitado que la debacle en los precios del petróleo y de las materias primas haya sido peor. Para los próximos dos años se prevé que el comercio mundial se desacelere, y precios a la baja de los commodities implicará mayores volúmenes que habrá que entregar para mantener o compensar la caída del ingreso. Esto implica un severo deterioro en los términos de intercambio que perjudicará sobremanera a los países exportadores de petróleo y materias primas.

Desde 2008, China ha financiado a Venezuela con más de 50.000 millones de dólares, incluyendo un proyecto en la Faja Petrolífera del Orinoco. Venezuela paga a China con petróleo, cuyas entregas han oscilado entre 330-524.000 barriles diarios de crudo y derivados. En dependencia de los términos de intercambio, este volumen pudiera incrementarse a un millón de barriles por día para 2016.

A China no le interesa el acero de Sidor sino el hierro de Ferrominera

El gigante asiático produce una cantidad de acero equivalente a la que produce el resto del mundo. Pero debido a que el ritmo de su crecimiento industrial se ha estancado, no todo el acero chino se destina a su mercado interno, sino que una creciente proporción es exportada al resto del mundo. En efecto, su demanda interna creció 1% en 2014 y solo aumentará un 0,8% en 2015, lo que se traduce en un gran excedente de acero que tendrá que exportar para evitar el cierre de plantas siderúrgicas y la destrucción de puestos de trabajo. Esto ha generado un exceso de oferta en los mercados internacionales que deprime los precios. Según datos de la Asociación Latinoamericana del Acero, en América Latina las importaciones de acero chino crecieron un 75% en 2014, y al ritmo actual superarán los 82 millones de toneladas del año pasado.[1]

El impacto de las exportaciones chinas va más allá del acero y se extiende a la cadena de valor de la industria manufacturera que incluye productos intensivos en acero como motores, vehículos, maquinarias, equipos, electrodomésticos, etc. Debido a sus bajos costos, las industrias siderúrgica, metalúrgica y metalmecánica no pueden competir con las exportaciones chinas, ni siquiera en el mercado nacional, mucho menos en los mercados internacionales. Tan así es que Venezuela importa anualmente desde China más de 500 mil toneladas de productos de acero, incluyendo los productos laminados que antes producía Sidor. Las importaciones que desplazan a la industria siderúrgica nacional han sido utilizadas en la construcción del segundo y tercer puente sobre el río Orinoco, en el sistema ferroviario y en las plataformas que demanda la industria petrolera.

A pesar de la prédica del desarrollo endógeno, el desarrollo de los acontecimientos revela que persiste el riesgo de que Venezuela siga condenada a su tradicional papel de ser un mero proveedor de materias primas, antes para los EE.UU. y ahora para la fábrica más grande del mundo en la que se ha transformado la República Popular China, donde paradójicamente los bajos costos de producción se deben a una mano de obra calificada y barata que solo es posible encontrar en un país con dos sistemas: por un lado, el férreo sistema político bajo el control del Partido Comunista en el que brillan por su ausencia los sindicatos, contratos colectivos, derecho a huelga y otros derechos laborales que son conquistas históricas del movimiento obrero internacional; y, por el otro, el sistema económico que, aunado a lo anterior, ofrece toda suerte de prerrogativas y liberalidades al inversionista nacional y extranjero.

Así las cosas, China es percibida como un actor muy pragmático, con mayor interés en lo económico que en lo político, donde sus socios comerciales no tienen mayor preocupación por influencias ideológicas, conflictos laborales, ni amenazas de expropiación. Más eso no quiere decir que no haya repercusiones geo-políticas que preocupen a las potencias occidentales, particularmente a lo EE.UU. Sobre todo cuando se percatan que -además de las inversiones directas orientadas al aseguramiento de materias primas y recursos energéticos-, ahora China financia obras de infraestructura que son ejecutadas por sus propias empresas de ingeniería y construcción.

En Nicaragua, por ejemplo, China está financiando la construcción de un canal interoceánico que vendría a competir directamente con el de Panamá. Actualmente, el 90% del comercio mundial es por vía marítima, toda vez que el flete naviero es más barato que el transporte ferroviario y aéreo. El nuevo canal será tres veces más largo que el de Panamá, así como más ancho y profundo. Esto permitirá la navegación de los gigantescos buques con capacidad de más de 12 mil contenedores, en comparación con el límite de 4 mil contenedores que impone el ancho y calado del canal de Panamá. Se estima que el canal costará $ 50.000 millones, su construcción tomará cinco años y -a través de sus empresas- China administrará el canal por 100 años. Esto nos hace recordar la larga lucha que finalmente desembocó en los acuerdos Torrijos-Carter que devolvieron la soberanía del canal a Panamá.

Las oportunidades para las empresas de ingeniería y construcción china se multiplican si se toma en cuenta que la infraestructura de Nicaragua es muy precaria y para empezar a construir el canal, antes habrá que construir los puertos y autopistas que permitan desembarcar y transportar la maquinaria pesada que se requiere para una acometer una obra monumental. Una vez que el canal se inauguré, la infraestructura de puertos, aeropuertos y ferrovías será el soporte físico de las zonas económicas especiales y de libre comercio que China propone impulsar en Nicaragua.

Zonas especiales de desarrollo


Influido por la experiencia china, el gobierno de Venezuela aprobó la creación de siete zonas económicas especiales en las que se ofrecerán incentivos especiales a la inversión nacional y extranjera. En efecto, el Decreto-Ley N° 1.425 regula la creación, funcionamiento y administración de las zonas de desarrollo, en el marco del Sistema de Regionalización Nacional[2]. En este texto legal se indican las escalas regionales, subregionales y locales para el desarrollo espacial y sectorial en el marco del Plan de Desarrollo Económico y Social de la Nación.

El articulo N° 5 establece que en cada unidad objeto de regionalización se deberá desarrollar un Plan Especial para la dotación de infraestructura a efectos de crear  las condiciones adecuadas para la actividad productiva. Esto supone una oportunidad para las inversiones chinas que pudiera acometer esos proyectos a través de la Ley de Concesiones, toda vez que ni el gobierno central ni los gobiernos locales cuentan con recursos para repotenciar la infraestructura que requiere la inversión productiva.

Según el artículo 12, se podrán decretar Zonas Económicas Especiales Fronterizas según la dinámica nacional del caso. También podrá decretar establecimientos y ciudadelas comerciales y de servicios, con condiciones especiales de comercio, aduanas, fiscales o de otro tipo a fin de restablecer o fomentar equilibrios en regiones fronterizas del país.

Con el desarrollo de la Zona Económica Especial de Paraguaná, localizada en el estado Falcón, el gobierno prevé repotenciar las capacidades de la entidad para la generación de electricidad, a través del aprovechamiento de la energía eólica y el desarrollo tecnológico y científico.

La Zona Especial de San Antonio-Ureña, ubicada en el estado Táchira, contempla incentivos para los sectores textil, calzado y la industria metalmecánica para incrementar las capacidades de transformación, en función de atender el mercado interno y diversificar la oferta exportable hacia los países del ALBA y PetroCaribe que representan un particular interés comercial y geopolítico para China.

La Zona de Desarrollo Estratégico Faja Petrolífera del Orinoco (FPO) -que es la mayor reserva certificada de hidrocarburos del mundo-, está abierta a la participación de empresas privadas para extraer y procesar crudo, tras el objetivo de convertirla en un gran polo de desarrollo integral que permitirá potenciar, además de la producción del petróleo, al sector manufacturero y agropecuario del país.

Incentivos fiscales


El gobierno podrá ofrecer estímulos fiscales y aduanales especiales para el desarrollo de las respectivas zonas. Con este fin podrá crear aduanas específicas, aprobar autorizaciones de  operaciones, liberar restricciones arancelarias  y para-arancelarias a la importación de materias primas, insumos, maquinarias y equipos destinados a la construcción de la infraestructura e instalaciones productivas.

El Decreto 1.435, con Rango, Valor y Fuerza de Ley de Impuesto Sobre la Renta, publicado en Gaceta Oficial Nº 6.152 permite descuentos en los gravámenes por concepto de nuevas inversiones. En el artículo 199, se prevé que el Ejecutivo Nacional podría modificar las alícuotas para asignarle distintos porcentajes a determinados sectores económicos que sean considerados prioritarios.  

Ahora bien, para dinamizar los procesos de inversión en las zonas económicas especiales, además del nuevo marco legal e institucional que rige la inversión extranjera, será necesario corregir las actuales distorsiones del régimen de cambios múltiples y avanzar hacia la unificación monetaria. Adicionalmente, el gobierno tendrá que considerar la conveniencia y viabilidad de abrir la empresa estatal a la inversión extranjera, incluyendo la gestión de puertos, aeropuertos, autopistas, así como las empresas que fueron expropiadas y estatizadas pero que a la larga terminaron quebradas por el burocratismo y la corrupción. Para un gobierno sometido a la presión de un enorme déficit fiscal que supera el 18% del PIB, será preferible contar con empresas privadas operativas que abastezcan el mercado nacional y paguen impuestos, a tener que soportar la carga de empresas públicas que no producen, generan crecientes pérdidas y solo pueden pagar la nómina si les transfieren recursos a través de créditos adicionales.



[1] http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2015/03/150327_china_inunda_acero_barato_ac?ocid=socialflow_twitter

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